Vida laboral digital

Cómo gestionar el cambio climático en la industria digital de América Latina

Mauro es experto en sostenibilidad corporativa orientado a apoyar empresas en su estrategia de reducción de emisiones y reportes climáticos. Realizó el programa ejecutivo en responsabilidad social corporativa de Harvard Business School, y se formó en Derecho y Economía del Cambio Climático en FLACSO Argentina y en la dimensión ambiental de las políticas públicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Mauro Accurso (*), Business Development Manager, South Pole

Cuando el fondo de inversiones más grande del mundo, BlackRock, envió su carta (1) sobre el replanteamiento de las finanzas desde sus cimientos para poner a la sostenibilidad en el centro, la repercusión se sintió fuerte a nivel global. “El riesgo climático constituye un riesgo de inversión” fue el mensaje clave que lanzó Larry Fink, CEO de BlackRock, y otros pesos pesados como Goldman Sachs ya anunciaron un compromiso de inversiones sostenibles de unos US$750 mil millones (2).

Entonces, las ejecutivas y ejecutivos de las empresas de infraestructura y servicios digitales están listos para responder a esta presión desde el mundo financiero para un mayor análisis, acción y divulgación de los riesgos y oportunidades que plantea el cambio climático?

 

El marco de referencia para avanzar hacia el liderazgo climático en las empresas es el propuesto por el Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD) (3), que fue creado por el Financial Stability Board (4), un organismo compuesto por los líderes de los principales bancos centrales e instituciones financieras. Las recomendaciones de TCFD buscan que las empresas brinden al mercado información financiera relacionada con el clima en cuanto a su gobernanza corporativa, estrategia, gestión de riesgos y, objetivos y métricas. De esta forma, los inversores pueden analizar mejor si una compañía está preparada internamente para aprovechar las oportunidades y resistir a los riesgos que plantea la crisis climática y la transición energética.

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Fuente: TCFD

A nivel integral, para gestionar y actuar frente al desafío que presentan estos riesgos y oportunidades del cambio climático en el sector tecnológico, las empresas deben realizar los siguientes pasos:

 

1. Medir


Como primera acción, las compañías necesitan entender en detalle de dónde provienen sus emisiones de gases de efecto invernadero (5). A nivel técnico, las emisiones se dividen entre alcance 1, 2 y 3.

 

 

 

Para la industria TIC, en alcance 1 suelen incorporar el consumo energético de sus oficinas y el combustible de sus flotas de vehículos. En alcance 2 se incluye el consumo energético de su infraestructura (antenas, datacenters, backbones) y en alcance 3 las emisiones que provienen de su cadena de suministro y proveedores como pueden ser el uso de los equipos y servicios que venden, transporte, distribución y el tratamiento de residuos. 

 

2. Estrategia y objetivos

 

Luego de tener en claro la huella corporativa, el siguiente paso es establecer una estrategia clara para reducir las emisiones y proponer los objetivos y métricas que guiarán la implementación futura. Pero los objetivos climáticos no pueden ser arbitrarios, sino que tienen que estar alineados con la mejor ciencia climática y con los compromisos del Acuerdo de París para mantener el aumento de temperatura por debajo de los 1.5 grados. 

 

La iniciativa global Science Based Targets (6) (Objetivos Basados en la Ciencia) es el estándar internacional en ese sentido y ya superó las más de 1000 empresas comprometidas en más de 60 países. La industria TIC lanzó, a través de la GSMA y la UIT, su objetivo a nivel sectorial (7) que sirve como una trayectoria a seguir para todas las empresas del sector a la hora de establecer sus objetivos climáticos.

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Fuente: GHG Protocol

3. Reducir la huella 

 

Para reducir la huella de carbono de la industria TIC hay tres tipos de acciones principales:

 

La primera es trabajar en eficiencia energética de las redes y los datacenters, algo a lo que el sector está acostumbrado y es parte de su core business a la hora de bajar el OPEX. La innovación en ese aspecto está creciendo a pasos agigantados con el Power usage effectiveness (PUE) (8) logrando ratios impensados hace años y mejoras tanto del lado del hardware y la construcción (equipos de refrigeración y de gestión del calor) como del software. 

 

Como segunda acción, además de mejorar la eficiencia en términos de consumo de energía por unidad de tráfico (MWh/PB), las empresas del sector también deben asegurarse de que la energía que consumen proviene de fuentes renovables (9). La matriz energética de cada país genera que ese desafío sea diferente en cada operación, pero a nivel general eso se puede lograr mediante PPAs (10) (un contrato de compra directo entre el generador de la energía renovable y la empresa que quiere utilizarla), certificados de atributo de energía o garantía de origen (como los GO, los I-REC y los REC) y autogeneración o instalaciones on-site. 

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El tercer punto de acción de este paso es trabajar con los proveedores y cadena de suministro de la empresa (de los cuales dependen las emisiones de alcance 3). En ese sentido, las iniciativas de economía circular y reciclaje de desechos electrónicos (11) son ya tradicionales en la industria (hay un gran espacio de mejora) pero el green procurement (12) está creciendo. América Móvil en 2019 ya contaba con 67% de sus proveedores Tier 1 (compras de más de USD50 millones anuales) evaluados en performance de sostenibilidad y con el objetivo de llegar al 100% mientras que Millicom quiere asegurarse para 2023 que 100% de sus proveedores estratégicos globales tengan buenas notas en sus evaluaciones de sostenibilidad.

 

4. Financiar la acción climática 

 

Para financiar la reducción de emisiones que no se pudieron evitar en el paso anterior, las empresas pueden elegir compensar su huella a través de los denominados créditos de carbono (13). Estos sirven para apoyar proyectos que reducen o absorben CO2 al mismo tiempo que fortalecen la biodiversidad, contribuyen con las comunidades locales y aportan a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Los proyectos de carbono abarcan una gran variedad de categorías incluyendo reforestación, cocinas eficientes que consumen menos madera o carbón, energía y transporte limpios, procesos industriales más eficientes y purificación del agua, entre muchos otros. Una vez que una empresa establece su estrategia y objetivos climáticos puede empezar a reducir sus emisiones (como se describe en el paso 3) y compensar las emisiones inevitables en cada año a través de créditos para llegar más rápidamente a la neutralidad climática (14).

 

 

5. Comunicar, colaborar y liderar 

 

Se suele decir que lo que no se comunica no existe, y en este caso no es la excepción. El objetivo en este último paso para las compañías debe ser divulgar sus acciones, avances y objetivos. Además de los clásicos reportes de sostenibilidad, el cuestionario de CDP (15) es el estándar que más de 10 mil empresas ya utilizan para brindar información sobre cómo gestionan los riesgos y oportunidades climáticas (CDP permite integrar las recomendaciones de TCFD que comenté al inicio). 

 

Para frenar el cambio climático y minimizar sus consecuencias socioeconómicas necesitamos que la industria móvil se involucre al máximo y lidere la transición reduciendo sus emisiones y apoyando a otros sectores a ser más sostenibles. La transformación digital que están llevando adelante hoy empresas y gobiernos en América Latina, se está viendo acelerada por la COVID19, y necesita de vehículos que la viabilicen que actúen en consonancia con los estándares internacionales.

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Si la industria TIC puede seguir estos pasos hacia su liderazgo climático, se generarán a largo plazo empresas más resilientes, competitivas y abrirán nuevas oportunidades de crecimiento en la oferta de servicios y en la reputación de las marcas. La economía descarbonizada y digital del siglo XXI (16) dependerá en gran medida de que las empresas del sector puedan ejecutar una estrategia climática efectiva la cual no sólo tiene sentido ambiental sino también comercial.